¿Por qué Argentina no puede ganarle a la inflación?

¿Por qué Argentina no puede ganarle a la inflación?

Nuestro país es uno de los pocos en mundo que vive con una inflación incurable, una inflación que no podemos sacarnos de encima. Cuando ves las estadísticas te quedas simplemente alucinado, este país ha vivido bajo procesos inflacionarios durante al menos las últimas cinco décadas, de hecho desde la creación en 1935 del Banco Central de Argentina, la inflación acumulada asciende a la espectacular cifra de 256 mil billones por ciento, lo que viene a resultar una inflación media anual de más del 60% desde dicha fecha. 

¿Por qué los Argentina no logra quitarse la inflación de encima? ¿Qué papel juega en todo esto la clase política, los empresarios y los ciudadanos? ¿Por qué el dólar está tan presente en la mente de los argentinos? Lo primero de todo es saber exactamente qué entendemos por inflación, se suele decir que hay inflación cuando los precios de los bienes y servicios que demanda la población de un país crecen de forma generalizada, pero ¿Por qué se produce, qué es lo que causa este fenómeno? Acá es cuando entra en juego ese bien tan especial que todos utilizamos para realizar los intercambios, el dinero. Por lo general el dinero, la moneda, históricamente ha sido metálica y su valor venía dado precisamente por el peso y la composición de metal que poseía cada una: cobre, plata, oro, pero esto evidentemente no era algo muy práctico, así que con el paso del tiempo comenzaron a emitirse billetes convertibles en oro y plata, que eran más fáciles de transportar y de fraccionar y por lo tanto de usar. Este sistema de convertibilidad estuvo en vigor hasta los años 30, cuando a partir de la gran depresión, los países empezaron poco a poco a abandonar el sistema de convertibilidad. Finalmente en 1971, Richard Nixon le dió el carpetazo final, a partir de ese momento el valor de los billetes pasó a depender completamente de la confianza que el mercado tuviera en el poder económico, en la solvencia del país que los emitía.

Por eso es habitual que sean precisamente los billetes emitidos por los países más ricos los que mayor valor y confianza despiertan en el mercado. Al mismo tiempo los gobiernos ya no tenían que atesorar oro y plata para respaldar sus monedas, el final de la convertibilidad le dió a los gobiernos la posibilidad de utilizar tanto como quisieran la máquina de imprimir billetes, hasta ese momento si un gobierno quería gastar más o subía los impuestos o pedía dinero prestado. Sin embargo el fin de la convertibilidad les dió otra posibilidad, financiar el gasto público con la creación de nuevo dinero. Por supuesto esto es algo que tiene consecuencias, si los Bancos Centrales son prudentes y el crecimiento económico acompaña la emisión de nuevo dinero, el efecto de la inflación no será excesivamente dañino, pero cuando los gobiernos pasan esa barrera, ahí sí empieza un problema muy serio. De repente se crea una demanda artificial que por un lado empuja al alza el precio de los bienes y por otro lado, al mismo tiempo la gente pierde confianza en esa moneda. Resultado: una inflación fulminante, por supuesto que el gobierno y los políticos son responsables de esta situación pero nunca quieren reconocer su responsabilidad. Motivo por el que al final siempre se le termina echando la culpa a los empresarios, a los que se los acusa de especuladores y avariciosos, entonces llega la solución mágica, que la verdad sólo sirve para empeorar aún más las cosas, los controles de precios. Claro que como esto tampoco funciona y los precios de hecho suben aún más, entonces los políticos suelen empezar a subir los salarios por decretos y a gastar más en planes de todo tipo, todo financiado con más emisión de dinero sin respaldo, es una especie de círculo vicioso que lo único hace es crear más y más inflación, lo que supone destruir el valor de los ahorros del capital de un país, aniquilar la seguridad jurídica e impedir el cálculo empresarial y depreciar la moneda nacional. En pocos países del mundo conocen tan bien este proceso como la Argentina, la tierra de la inflación. La situación económica de la Argentina es terrorífica, poco trabajo, salarios bajos, impuestos altísimos, unas cuentas públicas desastrosas y sobre todo, muchísima inflación.

Déficit consolidado (1961 - 2017)
Déficit consolidado (1961 - 2017)

El proceso inflacionario de la Argentina lleva creciendo sin parar desde los años 50, podemos ver el auténtico descontrol en el que viven las cuentas públicas argentinas, da igual quien gobernara, fuese militar, civil, peronista o radical, todos los gobiernos se dedicaron a gastar de forma descontrolada, recurriendo a la emisión de deuda primero interna y luego también externa, como a la emisión monetaria. Eso es precisamente lo que ha causado el desastre económico que vive hoy el país. Ni importaciones, ni capitales buitres, ni la avaricia de los empresarios, esto es como una mentira que la repiten mil veces y al final se acaba convirtiendo en verdad, la verdad es que los enormes déficits públicos se han financiado y se siguen financiando con una enorme deuda externa y también con altísimas tasas de inflación, es decir con la máquina de imprimir billetes.

Tasa de inflación anual por presidencia (1943 - 2018)
Fuente: UEPE CAC en base a Indec para el período 1943-2005 y 2017 - Mayo 2018; y Graciela Bevacqua para 2006-2016.

En la imagen de arriba se pueden apreciar las tasas de inflación anual media que tuvo cada presidente de la Argentina desde 1943, algunos presidentes estuvieron poco tiempo en el poder, incluso menos de un año. Otros estuvieron en el sillón presidencial bastante más tiempo, presidentes tan conocidos como: Perón, Videla o Alfonsín, Cristina Fernández de Kirchner o Mauricio Macri, tuvieron muchas diferencias entre sí pero prácticamente todos los presidentes tuvieron algo en común, las altísimas tasas de inflación. Este proceso ha sido tan constante que ha hecho que los argentinos se acostumbren a vivir con inflaciones enormes, claro que eso no suaviza en absoluto sus desastrosos efectos económicos sino que incluso puede empeorarlos. Es lógico, al final cuando te acostumbrás a que la moneda pierda valor tan rápido, todos los miembros del mercado actúan en consecuencia. Los empresarios tratan de compensar el riesgo, por ejemplo, subiendo aún más los precios, los sindicatos exigen subidas de salario por si las moscas y el gobierno para tratar de compensar todos los problemas económicos y sociales que se han creado, no para de aprobar regulaciones de todo tipo, de emitir deuda en moneda extranjera y por supuesto de darle una y otra vez a la maquinita de imprimir billetes. Esto es una especie de carrera organizada e impulsada por los políticos en la que todos los participantes pierden, especialmente los más pobres, los que dependen de su salario para sobrevivir. Y es que no podemos engañarnos, un efecto claro de las elevadas inflaciones es que destruyen la competitividad de un país, primero consumiendo el ahorro, el capital local y luego además cuando los gobiernos para hacer frente a los incrementos descontrolados de precios introducen restricciones de todo tipo, terminan creando industrias y economías incapaces de competir en el mundo.

La inflación acumulada desde 1935 asciende a la espectacular cifra de 256 mil billones por ciento, lo que viene a resultar una inflación media anual de más del 60%.

La pregunta es, ¿Tienen los argentinos algún mecanismo de defensa, existe algún instrumento que pueda ayudarlos a protegerse del empecinamiento de los políticos? Sí, en cierto modo hay uno. No hace falta ser premio Nobel de economía para saber que tener ahorros en pesos argentinos es una malísima idea, es que si tu moneda pierde valor cada día y de una forma tan importante, entonces no te queda otra que buscarte otra moneda para conservar mejor el valor de tus ahorros y esa moneda en el caso de Argentina y de prácticamente todos los países del mundo con este mismo problema, es el dólar estadounidense.

Para los argentinos el dólar es importante por varios motivos: primero porque el precio de los productos está muy ligado a la cotización del dólar, como Argentina tiene que importar muchos bienes y con una moneda, el peso, que pierde valor tan rápido, prácticamente todo se negocia en dólares, que por otra parte es la moneda de reserva internacional. Exactamente lo mismo ocurre con las exportaciones argentinas, el dólar es más estable y al final se termina convirtiendo en la unidad de referencia, los precios en pesos vienen a ser algo así como un termómetro loco que continuamente cambia la temperatura. En segundo lugar y la cuestión más importante, es porque el dólar es una moneda que le permite a los argentinos mantener el valor de sus ahorros, el dólar también sufre el problema de la inflación pero en proporciones nada comparables a la del peso argentino, por ejemplo si en el año 2001 hubiéramos guardado en un cajón 20 mil pesos, el equivalente entonces al valor de un auto promedio, en 2019 con ese mismo dinero apenas podríamos comprarnos un smartphone promedio. La pérdida de valor del peso argentino es simple y llanamente dramática, esto es lo que explica que en los países con una alta inflación, el dólar circule casi como si se tratara de una moneda nacional. Desde 1950 la Argentina apenas ha experimentado 10 años, entre 1993 y 2002, en los que la inflación se situó en niveles moderados por debajo del 4%. 10 años en casi siete décadas, de esta forma la Argentina se ha convertido en uno de los pocos países del mundo que no consigue controlar su inflación. La solución es clara, reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos y dejar de depender del Banco Central, los políticos lo saben, pero ¿Por qué no lo aplican? ¿Serán los políticos capaces de acabar con este interminable espiral inflacionario?

Información
12/11/2019
 Argentina  inflación  Banco Central  moneda  billetes  gobierno  políticos  deuda  economía  dólar  presidentes

Seguinos en las redes sociales!